Sobre el amor (una vez más)

Querer ser comprendido es inherente a la condición humana. Muchas veces a lo largo de mi vida lo único que he anhelado es entenderme a mí misma y poder deshacerme por fin de la confusión que de tan densa me lastima el corazón. También muchas veces he sido consciente de que mis problemas existen exclusivamente dentro mío en forma de pensamientos, y que para disiparlos bastaría una frase de conclusión bien razonada. Sin embargo, en ocasiones no me entiendo, ni entiendo lo que pasa ni a quienes me rodean. Esto hace que me sienta muy sola, porque si yo misma no me entiendo, ¿quién sí lo hará? Estas confusiones suelen ser pasajeras, y casi siempre terminan por darme respuestas a cuestiones muy importantes.

Como todos lo hemos hecho al menos una vez, con frecuencia pienso en lo que significa amar. De cualquier forma, cuando tuve la idea que quiero explicar hoy, no estaba buscando respuestas directamente ni estaba confundida. Estaba experimentando el amor y de pronto comencé a sentir que estaba a punto de descubrir algo importantísimo. La verdad es que constantemente tengo esta sensación y después nada pasa y termino por olvidarlo. Pero esta vez me sentí especialmente cerca, como si bastara con concentrarme un poco más para descubrirlo. Esa noche escribí de mi deseo por entender la vida y de la persona que quiero que me acompañe en ese propósito. Escribí ‘‘quiero que me entiendas, pero, sobre todo, quiero entenderte. Sé que quererte -y querernos- me hará comprender todo lo que necesito comprender.’’ Me fui a dormir y cuando desperté al día siguiente lo supe: amar a alguien es hacer todo lo posible por entenderlo, y es a través de este esfuerzo que es posible entender la vida.

Ya antes había pensado en el amor como generosidad, de desear el bienestar del otro, y hasta como, simple y llanamente, sinónimo de ser feliz al lado de otra persona. De cualquier forma, esta definición de amor como entendimiento llena los huecos que otras definiciones dejaban vacíos. El amor como el deseo de entender a alguien más es también el deseo de entenderte a ti mismo, pues muchas veces lo que nos gusta -o no- en otra persona es un espejo donde podemos analizarnos. Es a través del amor que puedes conocer a alguien totalmente, y con ello se conoce lo que implica nuestra condición de seres racionales, pero también capaces de sentir profundamente. Pienso que este amor trasciende incluso a quienes lo sienten, pues se vuelca en todo lo demás como una manera de buscar y descubrir lo que realmente significa estar vivo. Siempre he considerado al amor lo más importante que existe, y me sorprende no haberlo visto antes como un mecanismo para entender todo lo demás.  

Quizá esta idea resulta compleja y sólo yo la comprendo. Al fin y al cabo, todos pensamos y sentimos distinto, aunque todos seamos capaces de amar. Todos buscamos sentirnos un poco menos solos, y mucho se habla de aquellas conexiones reales que transforman nuestras vidas. Quien sea que haya amado -a su familia, amigos, pareja, lo que hace o hasta a sí mismo- sabe que este amor transforma la realidad. Cosas que antes no importaban son ahora lo único que existe. Sentimientos nunca antes experimentados ahora nos colman el alma y se rebosan en una nueva perspectiva de la vida. Sentimos amor y ya no somos los de antes. Entonces, para mí, una persona que generalmente no se entiende, fue una sorpresa descubrirme con el deseo de entender a alguien más. Eso debe ser el amor absoluto, el de sentirte cerca del corazón de alguien más cuando hablan de sus padres o de cómo han sido heridos. El amor absoluto debe ser algo parecido a sentir que te entiendo, y que algo en ti hace que yo escoja las palabras adecuadas para que puedas entenderme.

 

Para J.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Rosita

Desmemoria

El sargazo de junio