Ser uno mismo a través del amor

 

Conocerme a mí misma es una de las misiones que mueven mi vida. Es quizá la más emocionante también, pues engloba, naturalmente, todo lo que soy y todo lo que tengo. He descubierto que, seguido del deseo de querer mejorar, tenerse a uno mismo es el tesoro más grande. Por supuesto que darme cuenta de esto me ha tomado mucho tiempo y también experiencias pues, lamentablemente, nadie nace amándose a sí mismo así sin más. Nadie nace conociéndose ni aceptándose incondicionalmente; mucho menos sabiendo que desde el amor propio nace el deseo de mejorar. He llegado a comprender que gran parte de lo que concebimos como amor es aceptación. Todos deseamos ser aceptados por quiénes somos realmente, y mucho se habla de que uno sabe quién es la persona indicada cuando no sentimos la necesidad de usar máscaras. Creo que a todos nos pasa que cuando se nos pide definirnos a nosotros mismos no sabemos qué contestar, pero también identificamos fácilmente cuando es que no encajamos con alguna persona o situación. Esto es porque es más fácil definir lo que somos en función de los demás, a través de comparaciones a veces injustas. Por otro lado, aunque creamos conocernos, podemos pensar que si eso que somos no es aceptado por los demás entonces no sirve. Todos buscamos validación, y dejamos que el amor que otros sienten por nosotros valide quiénes somos. El riesgo de esto está en que aceptamos el amor que creemos merecer. Es decir que el amor que nos valida está sujeto a la percepción que tenemos de nosotros mismos. No podemos evitar atribuirle al amor de los otros esta cualidad de legitimador, puesto que somos seres sociales y, a mi ver, el amor por los demás es lo que nos mueve, pero debemos ser conscientes del poder que esto le atribuye a los que nos rodea. Es como un círculo vicioso: si nos pensamos poca cosa pensaremos que merecemos poco amor, y por tanto no sentiremos que nuestros sentimientos, ideas e incluso cuerpos son válidos. Es por esto que la aceptación de los demás debe comenzar desde el amor propio.

Hoy escuché un podcast que hablaba sobre poner límites para así poder tener una relación sana consigo mismo y con los demás. Ser tú mismo se trata mucho de saber qué es lo que en realidad quieres para ti solamente, y no por la comodidad de los otros. No es egoísmo, si no asumir que la primera persona que debería preocuparse por tus necesidades eres tú. Una vez que somos capaces de ocuparnos de nosotros mismos, podremos comenzar a preocuparnos por los demás.  

Entonces, ¿en qué consiste vivir siendo fiel a lo que somos a través del amor? Creo que un buen comienzo es mirar hacia las personas que ya nos aman, sin importarles mucho en qué punto del viaje del autoconocimiento estamoss, si a veces nos equivocamos o si pecamos de insoportables en ocasiones. Todos tenemos defectos a veces graves, y aún así todos recibimos amor de algún tipo. Si alguien nos ama así, ¿por qué nosotros no podemos siquiera aceptarnos como somos?

El amor propio y los vínculos que emergen de este es lo que nos valida como seres humanos. Si logramos rodearnos de personas que nos quieren es porque hemos logrado amarnos y validarnos primero nosotros. En cambio, lo increíble sucede cuando una persona decide amarnos aun si nosotros no nos amamos a nosotros mismos, pues esto es capaz de romper el círculo vicioso de autodesprecio. Algunas veces he escuchado que quien nos ama de verdad nos enseña también a amarnos con defectos y virtudes. Es a esto a lo que me refiero cuando hablo de ser auténtico a través del amor: el amor propio o el amor que otros sienten por nosotros. Ya antes he escrito sobre la autenticidad y su importancia. No traicionar lo que uno es realmente es importante para sentir que vivimos en paz, y la tranquilidad de estar con personas cuya convivencia no nos exige colocarnos una máscara nos hace sentir que, por fin, hemos formado vínculos desde el amor. Creo que llegar a conocerse a sí mismo es imposible sin los demás y sin la observación de cómo interactuamos con ellos. Por eso debemos reconocer que merecemos amor a pesar de no ser perfectos y, una vez que alguien nos ame, debemos dejar que ese amor permee en la percepción que tenemos de nosotros mismos. Por lo general, las personas con baja autoestima tienen una enorme capacidad de sentir amor y empatía; ¿por qué no sentirla también por ti mismo?

Como dije antes, el autoconocimiento y el desarrollo de la autoestima es un viaje larguísimo de altas y bajas, pero nunca debemos olvidar que al final del día todo lo que somos es todo lo que tenemos. ¿Por qué no cuidarlo para hacerlo florecer?

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Rosita

Desmemoria

El sargazo de junio