Sobre ser mujer (alrededor de otras mujeres)


Uno de los primeros acercamientos a la vida en sociedad es la escuela. Fue ahí donde comencé a percibir ciertas dinámicas de género, que sin pensar comencé a adoptar en mi comportamiento. Una de ellas fue dar por hecho que las mujeres estamos en constante competencia por la atención y el ‘‘amor’’ de los hombres, y que esto justifica llamar a otra mujer puta cuando ejerce su sexualidad, ignorar a una amiga por estar con un hombre cuyo paso en nuestra vida es efímero, o incluso sentir un escozor de envidia al ver a otra mujer ser bonita o de mejor cuerpo. Nunca me cuestioné porqué tener más amigos hombres era de alguna manera mejor que llevarte más con mujeres. Nunca pensé en porqué era normal hacerle mala cara a otras mujeres sólo porque sí. Cuando escuchaba que ‘‘el peor enemigo de una mujer es otra mujer’’ no estaba en desacuerdo y recordaba todas aquellas veces que una mujer había esparcido un rumor mío o me había llamado puta. Pero también yo le decía puta a la que ‘‘le había bajado el novio’’ a una amiga mía, olvidando por completo la culpa del hombre. Cuando comencé a salir con hombres se me comenzó a decir que tenía que darme a respetar y a desear, porque si no ninguno me tomaría en serio. Otras veces escuché que el hombre llega hasta donde la mujer lo permite, y que si alguno se propasaba conmigo de alguna manera sería una consecuencia de mi forma de vestir o de comportarme. Durante la mayor parte de mi adolescencia acepté todas estas ideas como un hecho, algo inalterable. No fue hasta que experimenté las consecuencias de estas dinámicas en mi propia vida que comencé a pensar más allá.
            Los efectos negativos del patriarcado se manifestaron temprano en mi vida, y a partir de los quince o dieciséis años comencé a interesarme por el feminismo. Ha sido un proceso largo de aprendizaje constante, donde desaprender y la autocrítica constructiva son imprescindibles. Aprendí que merecemos respeto aun estando desnudas, por ejemplo, porque el respeto no se gana ni se exige, lo merecemos simplemente porque somos tan humanos como lo son los hombres. Esto cambió mi perspectiva, pues el concepto de ‘‘darse a desear’’ siempre había ido en contradicción con lo que yo sentía –¿por qué si también quiero estar contigo debo fingir que no? Aprendí la definición de consentimiento, y cómo es que este debe estar presente en todas las relaciones sexuales y puede ser retirado en cualquier momento de manera válida. Cuando supe de esto me sorprendí y por fin supe por qué a veces después de tener sexo no me sentía en paz, y sentía como si me hubieran arrebatado algo. Dejé de pensar que le debía algo a los hombres, desde belleza -piel depilada, delgadez, pelo largo- hasta hipersexualidad. Aunque tuve etapas en que renegaba de mi naturaleza femenina pensando que era sinónimo de debilidad, pronto descubrí que no hay ser más fuerte que una mujer. Con el paso del tiempo y de la amplia difusión que ha tenido el movimiento en los últimos años he comprendido muchas cosas que me han ayudado a definirme como persona, disfrutar de mi sexualidad y comenzar a aceptar la forma en que me veo. Es muy distinto trabajar para ser mejor para uno mismo que para agradar a un hombre o para competir con otras mujeres. El feminismo me ha permitido apreciar mi valor y el de otras mujeres, más allá de la percepción de cualquier hombre.
            Como dije antes, ser feminista es un proceso. El concepto de sororidad es el que más me ha costado interiorizar, puesto que la competencia con otras mujeres está muy arraigado dentro de mí. Siempre he priorizado mis relaciones con hombres antes que mis relaciones de amistad con mujeres, aunque son ellas las que están conmigo cuando todo falla. El pasado mes de marzo experimenté un punto de inflexión cuando asistí a la marcha feminista del día de la mujer. Cuando caminé en medio de todas esas mujeres me sentí segura y comprendida. Dentro de mí surgió un anhelo por reforzar mi conexión con otras mujeres, y supe que nunca encontraré en un hombre lo que siento cuando me río con mis amigas o cuando me consuelan después de un desaire amoroso. Comprendí por fin que ningún hombre merece mi sufrimiento, y que toda la energía mental que le he dedicado a esas tribulaciones bien podría haberlo invertido en mí, en aprender cosas nuevas sobre mí misma y de otras mujeres. He comenzado a comprender que concentrarme en mí no es un acto de egoísmo, puesto que mi propia mejora está orientada a mejorar la vida de los demás. Si todas aprendemos de nosotras mismas, analizamos cada uno de nuestros comportamientos y comprendemos que tenemos una aliada en cada mujer, comenzaremos a sobreponernos a cada una de las barreras de género que se nos han impuesto.
            El feminismo se trata de ser lo que quieras ser. Nadie tiene el derecho de pensar mal de ti si te gusta tener sexo o por vestirte de manera sensual, de la misma forma en que si decides dedicar tu vida a tu familia nadie puede dudar de tu valor. Debemos comprender que ser sexual y/o sensual no es mutuamente excluyente de una vida intelectual y emocional. Pienso que esto se trata de escoger, y para poder escoger de manera correcta se deben conocer todas las opciones. Se requiere de un proceso de introspección, donde nos hagamos preguntas importantes acerca de lo que significa ser mujer. ¿Se limita realmente a una serie de pautas de vestimenta y comportamiento delicado? ¿Por qué las aspiraciones de los hombres distan tanto de las nuestras? ¿Qué significa para mí la desnudez, el sexo? ¿Por qué se espera algo de mí y otra cosa de mis hermanos? ¿Necesito realmente que un hombre me cuide? ¿Por qué pienso mal de aquellas mujeres que son abiertas con respecto a su sexualidad? Es necesario cuestionarse a fondo, realmente buscar a nuestro juez interior, aquel que responde a lo que somos y no a lo que se nos ha impuesto durante tanto tiempo. Esto cuesta tiempo y esfuerzo, pero creo de todo corazón que es posible.
            No me siento con la autoridad de pedirle a las mujeres que se eduquen porque a mí misma me queda mucho por aprender, pero buscar información es el único camino posible hacia el bienestar personal al que conduce el feminismo. Podemos empezar por dejar de ver a cada mujer como una rival y más como una aliada que comprende todas las adversidades que acarrea identificarse como mujer. No significa que una mujer no pueda caerte mal, pero debemos analizar los motivos que nos llevaron a esto. ¿Es por qué simplemente no simpatizamos o porque estoy compitiendo con ella por la atención de un hombre?
            Al principio mencioné cómo es que la escuela es una oportunidad de aprender a vivir en sociedad. Cuando entré a la universidad, me encontré con que 9 de cada 10 compañeras son mujeres, contrastando con el resto de mi trayectoria académica, donde la cantidad de hombres y mujeres era equitativa. Ahí he aprendido como nunca de fortaleza, amor, generosidad y compasión. Siempre que me doy la oportunidad de convivir con mujeres aprendo algo nuevo, incluso sobre mí misma. Es por eso que tengo fe en lo que somos como colectivo y en lo que podemos lograr si hacemos caso a un llamado de hermandad.

Hacía tiempo que quería escribir sobre feminismo pero no lograba ordenar mis ideas con respecto a este movimiento que cambió mi vida (aun tengo mucho qué decir y pensar). Les dejaré algunos links de información aquí abajo así como una antología de ensayos sobre la masculinidad tóxica especialmente para los lectores hombres. ¡Muchas gracias por leer!

feminismo: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1308
Antología de ensayos ''no nacemos machos'': https://1drv.ms/b/s!Ao78fTg4CpON0kYB6TDzUuHoqTOZ?e=kccqXh

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