Compatibilidad (aprender a querer)
Se dice que estar con alguien
es una decisión de todos los días. Las razones para continuar pueden ser muy
variadas -costumbre, miedo a la soledad, falta de algo mejor o, en el mejor de
los casos, por amor. De cualquier manera, creo que amar no es una decisión que
pueda tomarse así como así. Al menos en mi caso, la idea de querer siempre ha
ido aunada a un grado de descontrol pero, ¿qué sé yo de querer? En varias
ocasiones he creído haber amado, pero siempre ocurre algo que me prueba que
estuve equivocada. He confundido al amor con muchas cosas, y otras veces he decidido
seguir con algunas personas a pesar de que algo se sintiera fuera de lugar.
Estoy segura de que no decidimos con quién somos compatibles. La forma de ser
es inherente a cada quien y, por lo tanto, también las personas con las que
parecemos encajar. A menos de que decidamos cambiar rasgos de nuestra
personalidad -lo cual es dificilísimo-, nuestras compatibilidades nos
perseguirán por el resto de nuestras vidas. Por más que tratemos de forzar una
buena relación no lo lograremos sí, sencillamente, distintos aspectos de ambas
personas no despiertan buenas reacciones en el otro.
Pienso que unos la tienen más
fácil. Existen maneras de ser que son más llevaderas y que generan mejores
resultados que las de otros. Yo no pertenezco a ese grupo. Con el paso del
tiempo he aprendido que solo puedo estar con un cierto tipo de persona, uno muy
específico que me temo he encontrado una sola vez. Esta persona es la única que
ha permanecido a través de todos mis cambios, siempre presente a veces desde
lejos y otras de muy cerca. Es el único hombre con el que puedo reírme como lo hago
con mis amigas cercanas, y también el único que ha sido capaz de escucharme con
atención, hacerme preguntas sobre mí y no juzgarme. Nuestra compatibilidad
trasciende cualquier barrera temporal e incluso de espacio y, aunque dejemos de
vernos por meses, cuando volvemos a encontrarnos todo es igual. La nostalgia es
uno de los peores enemigos del ser humano, pues hace ver al pasado mejor de lo
que en realidad fue. Esto no nos pasa. Las expectativas son altas y suelen cumplirse.
De cualquier manera, nunca hemos estado juntos, y dudo que suceda alguna vez.
Lo increíble de esto, y de lo que me interesa hablar, es que no estar con él no
me roba la paz.
No siempre fue así. Realmente
aceptar no tener lo que se quiere con tanto fervor cuesta tiempo y las verdades
que el tiempo revela, al igual que asumir que el presente es lo único que
realmente existe. No existe otra manera de deshacerse del dolor mas que
atravesarlo, pero las recompensas de finalmente soltarlo cuando es el momento
correcto son invaluables. Para que yo aprendiera a querer tuve que sufrir y entender
que amar no es sinónimo de poseer. No sé cómo poner el énfasis en la importancia
de esto. Creo que hay personas que están para enseñárnoslo y, ¿cómo lo harían no
apartándose de nuestra vida? No creo que exista otra manera de amar de verdad.
Lo maravilloso sería que quien amemos sin aprehensiones decidiera también estar
a nuestro lado. Pero claro que esto sólo puede suceder una vez que hayamos
amado a alguien más sin haberlo tenido. Como dije antes, la única salida del
dolor es a través de él.
No decidimos con quién somos
compatibles ni quién nos enseñará a amar. A veces se siente como si el
sufrimiento hiciera demasiada mella en nosotros, llegando bien adentro
del alma y con intenciones de asentarse ahí. Pero hay que salir de ese lugar,
sacudiendo la existencia ayudados de la certeza de que hemos venido a amar, no
necesariamente a ser correspondidos. Las conexiones realmente profundas liberan
una fuerza benevolente a nuestro alrededor que está siempre presente y que, a
veces y con mucha suerte pero a la vez de manera inevitable, termina por
reunirnos.
Agradezco cada pedacito de presente
que hemos compartido, y agradezco que todo lo que somos encaje perfectamente
cada vez y a su manera particular. Amar sin poseer es compartir algo atemporal.
Ya después y con otras compatibilidades habrá ocasiones para regirse por las
leyes del tiempo.
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