Cómo encontrar la paz (o cómo la encontré yo)
Cuando la tormenta ha pasado es fácil olvidar que alguna vez sacudió nuestra
existencia, o al menos es sencillo sentir que en realidad nunca sucedió. La
calma que ahora impera nos hace creer que tal desorden es imposible. Pero
sucedió, y en algún punto fue como si las dificultades fueran a acabar
con todo.
Hoy, cuestiones que solían
robarse la mayoría de mis pensamientos son ahora claras y hasta obvias. ¿Cómo
pude comportarme mal con las personas que me aman y que yo amo? ¿Cómo pude
enfrascarme en un personaje de tristeza y apatía cuando todo lo que siempre he
deseado es ser feliz? Creo que una dualidad rige la existencia, donde la luz no
puede existir sin la oscuridad ni el bienestar sin el sufrimiento. Ahora pienso
que he sufrido para poder ser feliz ahora, pero cuando sufría nada de esto
parecía tener sentido. He vivido momentos de desesperación absoluta y
decepciones amorosas que me han dolido incluso físicamente, y entrenarse para
saber que hasta esas cosas horribles pasan cuesta tiempo, lágrimas, cansancio y
disciplina. Como todo lo que vale la pena, aprender a ser resiliente no se
logra de la noche a la mañana. Pero esto no necesariamente se trata de
fortaleza.
Hace poco tiempo me di cuenta
de que soy feliz, y aunque ahora me parezca lo más natural, hubo un tiempo
donde se me dificultaba seriamente. Entonces, ¿cómo lo logré? ¿Se lo debo a una
experiencia sobrenatural, al amor, al cambio o a las personas que ahora me
rodean? Pienso que es una mezcla de muchas cosas, pero sobre todo de
aceptación. Para lograr estar en paz debí aceptar una serie de cosas tal vez
obvias, pero muy valiosas para la vida de cualquier persona. Hoy, analizando lo
que ha cambiado en mi vida en un espacio de quizá dos años, puedo enlistar los
siguientes puntos:
·
Disciplina: Uno de los cambios más significativos que logré
concretar es practicar un deporte de manera disciplinada. Esto crea un sentido
de la responsabilidad donde las obligaciones se adquieren por gusto. Toda mi
vida pensé que no me gustaban los deportes porque odiaba educación física, pero
resultó que sólo no me gustan los deportes de equipo- practico box y ciclismo.
Para poder cumplir con mis objetivos siempre tengo presente una frase: cuando
la motivación falle, que la disciplina no falte. Si no aceptamos que la
disciplina es necesaria en la vida, difícilmente estaremos satisfechos con
nosotros mismos.
·
Sinceridad con uno
mismo: Todo comienza desde adentro y, si deseamos vivir en la
verdad, es necesario afrontar la propia. Si fingimos estar a gusto con una
persona, trabajo o identidad, aunque en realidad sea una espina de molestia y dolor,
nunca encontraremos la paz. Es como traicionarnos a nosotros mismos. ¿Por qué
traicionaríamos a alguien a quien amamos y le deseamos lo mejor? Para encontrar
la paz es importante aceptar lo que sentimos y deseamos. Es el primer paso para
afrontar lo que somos, sea bueno o malo.
·
Apreciación y
agradecimiento: Nunca dejaré de pensar que la
vida es maravillosa, y darse cuenta de ello no es tan difícil. Basta mirar a
nuestro alrededor y realmente percatarnos de todo lo que debió juntarse, separarse
y colisionar para que nosotros pudiéramos existir y llevar una vida con oportunidades
para amar, aprender y disfrutar. Algo muy grande debe aguardarnos si se nos ha
dado la vida y la capacidad de decidir. Siempre que comienzo a sentirme mal miro
al cielo, o recuerdo las manos de mi mamá tocando mi espalda cuando me abraza o
a mi papá yendo a trabajar todos los días por mi familia y por mí. Todo cambia
cuando se es consciente de todo el amor que nos rodea.
·
Responsabilidad: Aceptar que no se puede vivir en libertinaje ni
tomando decisiones que ponen en riesgo nuestro bienestar va en contra de muchas
ideas preconcebidas de lo que pensamos son la felicidad y la libertad. Sin
embargo, la verdad es que la felicidad existe aún donde tienes que salir a
pagar servicios y realizar trámites. No es realista
pensar que alguien más se va a ocupar de las cuestiones pragmáticas que la vida
nos impone. Si no cuidamos de nosotros mismos no tendremos nada.
·
Limitaciones y
errores: Para estar en paz con nosotros mismos y con los demás,
es importantísimo reconocer que no sabemos nada y que lo que tomamos ahora como
una certeza muy probablemente la vida nos pruebe como una mentira a la vuelta
de unos años. Debemos reconocer que necesitamos de los demás, del amor que
pueden darnos y de lo que pueden enseñarnos.
·
Soledad: Un día acepté que,
si yo no doy el primer paso en ayudarme a mí misma, difícilmente alguien me
tenderá una mano. Todos, de cierta manera, estamos solos, y aceptarlo se me
sigue complicando.
·
Amor y amistad: Debemos aceptar
que, como dije anteriormente, nuestro vínculo con los demás es muy importante.
Si ahora soy feliz es porque he logrado, junto con los que me aman, fortalecer
los vínculos que nos unen. Me he permitido volver a querer a pesar de haber
sido herida incontables veces, y gracias a eso he encontrado a una persona
buena que ha transformado mi vida y mi manera de dar amor. He reconocido que mis
únicas dos amigas son parte significativa de mi felicidad y que merecen mi amor
y todo lo que eso conlleva, a pesar de que muchas veces se me ha dicho que los
amigos no existen. El amor es algo real y tangible, y negarse a vivirlo es una
contradicción hacia nuestra propia naturaleza.
·
Rencor: Una vez que finalmente acepté cuánto daño me hacía
guardando rencores y exponiendo mis propios malestares internos en forma de daño
hacia los demás, me di cuenta que no podía seguir encajándome esa daga, ni a mí
ni a nadie más. Ya antes he hablado de lo sanador que es perdonar, y creo que
todos hemos vivido el bienestar que se siente cuando esparcimos el amor que llevamos
dentro.
·
Cambio: He dejado la más
difícil para el final. No hay día en que no piense en que la etapa en que mis
papás estaban siempre conmigo ha terminado y nunca regresará. Aceptar que la
vida se lleva por etapas, en su mayoría irrepetibles, es lo más difícil de todo
a lo que me he tenido que enfrentar. Y no hay alternativa, la verdad es que no
la hay. Lo único que nos queda, afortunadamente, es el presente, y todas las
posibilidades que este nunca fallará en brindarnos.
Podría explayarme mucho más,
pero creo que me he dado a entender. Es importante tener fe, muchísima, en el futuro
y en nosotros mismos. Si aceptamos que hemos venido a experimentar todas las
formas del amor pronto encontraremos la tan anhelada paz. Si yo lo estoy
logrando, ¿por qué tú no?
Me quedo con esta frase: "cuando la motivación falle, que la disciplina no falte"
ResponderBorrar