La verdadera felicidad (la que podemos alcanzar)
Comienzo a pensar que la
felicidad no es lo que yo creía. Comienzo a ser testigo de que en realidad está
a nuestro alrededor y buscarla con desespero no nos llevará a ningún lado. Se
me ocurre que, quizá, cuando alcance mis metas o me ocurra algo extraordinario
como ganarme la lotería, pensaré que apenas entonces conocí la felicidad y que
al escribir esto me estaba conformando. Pero en este momento, lo que siento y
pienso me parece lógico. Me gustaría que quienes así lo quieran me cuenten,
desde su perspectiva, qué es la felicidad y por qué la buscamos, mencionamos y
confundimos tanto. He notado que es un concepto agotado y, sobre todo,
inalcanzable en su complejidad – complejidad que, por cierto, le hemos atribuido
nosotros mismos. En general, he notado que quienes hablan de la felicidad
asumen que es un estado permanente de algo parecido a una euforia controlada,
donde todo es bueno y en esencia lo ven como el objetivo de la vida. Como dije
antes, es muy probable que al pasar del tiempo cambie de opinión, pero después
de mucho pensarlo un chispazo de inspiración llegó a mí: la felicidad como nos
la han contado no existe. No existe tal cosa como ser feliz, solo
se puede estar feliz. Estás feliz cuando te dejan salir de clase
temprano, cuando faltas y no va el maestro, cuando comes tu comida favorita o
cuando te ríes con tus amigos. He notado que son cosas que se desvanecen
rápidamente. La felicidad se desvanece pronto y es causada por eventos que uno
no puede controlar y, por lo tanto, no la podemos buscar y encontrarla. Tal vez
nada de lo que dije tiene sentido para ti hasta ahora. Espero que lo que diré a
continuación pueda hacer que me comprendas más: la satisfacción es a lo que
verdaderamente podemos aspirar todos los días y esperar que se prolongue por el
resto de nuestras vidas. La vida se complica cada vez más a medida que crecemos
– para algunos desde que nacen- y esperar que la mayoría de nuestros días sean
felices nos romperá el corazón y nos hará sentir como unos fracasados. Para
estar felices es necesario experimentar nuestras emociones y, para sentirse
satisfechos, es necesario un proceso de introspección donde valoremos realmente
lo que tenemos y lo que nos construye (cosas como el amor y la fe).
Por lo general, lo que nos ha costado más y que podemos
controlar es lo que más nos genera bienestar, como terminar una carrera y
alcanzar otras metas profesionales, viajar, cambiarse de ciudad en busca de
mejores oportunidades, terminar una relación complicada, etc. Las consecuencias
de estos actos son duraderas y aunque, quizá no sean un estallido de euforia, son
las que, a la larga, propician una verdadera mejora en nuestras vidas. Para mí,
ha resultado un consuelo pensar esto, pues darme cuenta de que hace tiempo no soy
feliz llega a asustarme y hasta hace que me sienta malagradecida: ¿cómo es
posible que no sea feliz si lo tengo todo? Mis felicidades por lo general duran
unos pocos minutos, pero mi grado de satisfacción es alto. Puede que no esté
sonriendo todo el tiempo, pero dentro de mí hay un mar en calma, esperanza
sobre el futuro, fe en mis capacidades y una presencia consciente en el
presente.
Lo que quiero decir es que debemos creer en lo que
podemos construir nosotros mismos. Debemos creer que somos los únicos
responsables de sentirnos satisfechos con quiénes somos, sin dejar de disfrutar
los chispazos de felicidad que nunca hacen falta en una vida que tiene
posibilidades inagotables.
En lo personal creo que siempre se quiere más, y es por eso que al alcanzar una meta o cumplir un objetivo obtenemos la satisfacción, trabajamos en ello, llevamos el proceso y finalmente lo logramos, obtenemos la felicidad por haber logrado lo propuesto, pero desaparece al preguntarnos "¿Y ahora qué? Ya logré/tengo lo que quería, ¿Qué es lo que sigue?" Creo que algunos buscamos la felicidad en el lugar equivocado.
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