La necesidad de arruinarlo todo


                Lo que voy a decir a continuación está basado en mí y en mi experiencia y en el conocimiento sobre psicología que he adquirido viendo videos de youtube, así que probablemente diga cosas que no son del todo ciertas. En realidad, mi objetivo al escribir es descifrarme a mí misma y buscar una especie de claridad mental-por eso el nombre del blog, de hecho.  Si logro ayudar a quienes me leen resulta una consecuencia maravillosa pero inesperada, no mi propósito realmente. Tal vez algún día pueda pagar un psicólogo, pero, por mientras, no me queda más que informarme por internet y escribir como terapia.
El bienestar y la felicidad son el objetivo de muchas personas, por lo que es lógico pensar que cuando lleguen será de lo más fácil y natural aceptarlos en tu vida. Es lo por lo que siempre se ha luchado, después de todo. Sin embargo, cuando esto pasa, suele ocurrir algo impensado: comenzamos -consciente o inconscientemente- a arruinarlo todo. Si la felicidad es representada por una relación sentimental, al momento de caer en cuenta de que es buena para nosotros, armamos dramas por nada, somos excesivamente celosos o tratamos de convencer a la otra persona de que estar con nosotros no vale la pena. Esta relación nos hace muy felices, como ninguna otra cosa en el mundo. Incluso puede ser que por años hayamos anhelado algo como esto y, aún así, ver el abismo de estar sólo y sufriendo por lo que no se tiene resulta muy atractivo. ¿Por qué somos así? ¿Por qué no podemos simplemente aceptar las cosas buenas que llegan a nuestras vidas? Constantemente he tenido estos comportamientos a lo largo de mi vida, pero es hasta ahora que me doy cuenta. Siempre he sido una persona muy afortunada, y considero que he sabido aprovechar las oportunidades que se me han presentado. Sin embargo, nunca he podido asumir la felicidad que algunas personas han sido capaces de provocar en mí. Según la psicología, esto sucede porque le temo a la felicidad y al bienestar. La tristeza, la soledad y los conflictos son terreno conocido, por lo que los preferimos a la incertidumbre de algo nuevo como la plenitud. Como la mayoría de los problemas emocionales de la vida adulta, el auto sabotaje es producto de algún trauma de la infancia. Trauma suena muy fuerte, pero la verdad es que cosas muy pequeñas logran darnos forma negativamente cuando somos niños. Tener un padre al que constantemente veíamos triste e inestable nos enseña a que esto es normal y a, sobre todo, ser igual de tristes que ellos en un intento de ser empáticos y no ofenderlos con nuestra felicidad. Esto se queda muy dentro y resurge en los momentos menos indicados, instándonos a arruinar aquello bueno que por fin nos está alcanzando. La urgencia es grande y tiene una voz poderosa que a veces se disfraza de la tuya. ¿Qué hacer al respecto? La verdad es que aún no lo tengo muy claro. Creo que se reduce a entrenar nuestra mente y saber reconocer que en realidad no queremos dañar a quienes nos quieren en un esfuerzo por alejarlos. Ser conscientes de que ser feliz tiene muchas otras implicaciones, como que para lograrlo es necesario olvidar el miedo, es también algo importante. Puede ser que, en realidad, el miedo a la felicidad es el horror que se siente ante la idea de perderla de nuevo. No queda más que resignarnos a esta posibilidad, y aceptar que la felicidad, como muchas cosas en la vida, va y viene, y que, por esto mismo, debemos abrirnos a ella cada vez que toque a nuestra puerta.


Comentarios

  1. Me pasó en cierta etapa de mi vida, pero ahora cada momento feliz que la vida me regala, lo trato de disfrutar al maximo 🤗

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