El Verdadero Cambio


Alguna vez leí que la única constante es el cambio. Después de todo, la totalidad de nuestras células se renuevan entre cada siete y diez años. La piel de tus manos que jugaban con lodo y se raspaban cuando te caías jugando a las escondidas no es la misma que la que ahora toma una pluma para hacer la tarea o un sartén para hacerte de comer. El cambio es lo más natural del mundo, y aún así nos toma por sorpresa. El ser humano está diseñado para adaptarse a casi cualquier condición favorable o adversa, y aún así le tememos al cambio. Aún así es difícil entender que no todo puede quedarse igual siempre.
Todos hemos pasado por una variedad de cambios a lo largo de nuestras vidas. El que más ha permeado en mí, indiscutiblemente, fue venir a vivir a Hermosillo hace casi un año, el diez de agosto. Siempre hay algo dentro de nosotros que se siente igual-tal vez los recuerdos, nuestras raíces o nuestra consciencia- pero la mayor parte de mi existencia fue cambiada de un día para otro. Nuevo lugar para vivir, nueva escuela, nuevas responsabilidades y hasta nueva cama. ¿Qué es lo que realmente significa un cambio así de grande? Después de un año aún no puedo decirlo con seguridad, pero sé que los cambios generalmente son sinónimos de ir avanzando, y avanzar, pienso, es un objetivo que casi todos tenemos. Moverse del lugar mental que ocupas no es tan fácil, y aún cuando ya te has movido físicamente es difícil no aferrarse al pasado y sus costumbres. Mucho puede decirse de lo difícil que es salir de tu casa, pero otra cosa es vivirlo. La verdad es que raramente me han ocurrido cosas en verdad graves, pero a veces cosas como que no funcione tu lavadora pueden causarte una crisis emocional. Salir de tu casa significa mayormente soledad, y la soledad, al menos a mí, me pone muy vulnerable a cualquier contratiempo menor. La soledad puede significar estar sin una persona en específico, y esta sensación nunca se va del todo. Pasan los meses y sigue ahí acechando, esperando una canción o una palabra familiar para salir a la superficie en forma de oleadas de tristeza y ganas de huir a lo conocido. Para mí, lo más difícil ha sido entender que nunca nada volverá a ser igual. Nunca volveré a tener diez años vestida de momia un Halloween, ni diecisiete tomando una siesta totalmente despreocupada después de ir a la preparatoria. Nunca volveré a pasear en bicicleta debajo de la lluvia sintiendo y pensando lo que sentía y pensaba a los quince años. Nunca viviré un día en la casa de mis papás sabiendo que esa en realidad es mi casa. Hay muchas cosas que puedes volver a hacer, pero después de un cambio tan grande, ya no vuelve a ser igual.
Como dije antes, siempre permanece algo, algo que está muy protegido dentro de nosotros siempre logra salvarse de la vorágine. Creo que eso es lo que aún me deja regresar y sentirme en casa cuando veo las escaleras afuera de mi casa y reconozco el olor de mi cuarto cuando entro. Eso que está dentro de cada uno de nosotros-nuestra sustancia- siempre permanece y siempre logrará sobreponerse a una lavadora que no sirve o a unos cuantos días de un monedero vacío. Aún cuando todo parezca resuelto por fin, es probable que cambie de nuevo, y aún así lograrás adaptarte, una y otra vez. Logra, incluso, sobrevivir a la tristeza y el miedo de enfrentarse a lo desconocido todos los días. Seguir adelante resulta un poco más sencillo cuando te das cuenta de que, aunque todo haya cambiado, tú y los que siempre te han querido siguen siendo los mismos, o mejores. 

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