Shine your clarity over me
Cuando escribía historias ajenas no escribía tanto
sobre mi propia vida como ahora que escribo sólo sobre mí y para mí. Pienso que
esto sucedía porque pensaba que no tenía nada qué contar, y lo que se le
ocurría a mi imaginación era mil veces más interesante que mi realidad. Escribir
mis pensamientos era-y sigue siéndolo- un proceso íntimo de introspección, una
oportunidad para ver lo que me pasaba bajo una luz diferente. Al momento de
escribir las palabras estas toman forma y los pensamientos se hilan más fácilmente.
Este proceso obliga a deshacerse de ideas ilógicas, repetitivas e incluso
dañinas. Escribir sobre un miedo, por ejemplo, es dejarlo desintegrarse en el
papel. Después de dejarlo ahí un sentimiento de bienestar te invade, aunque hayas
hecho prácticamente nada por remediar el malestar.
Han pasado casi
dos años desde que dejé de escribir para los demás y sobre cosas que los
entretendrían. Desde entonces no había abierto un documento Word con el propósito
de expresar mis ideas sobre un tema no académico. Se siente bien por fin
liberarme de ese miedo de volver a escribir para los demás, pues pienso que eso,
más que mi supuesta falta de imaginación, era lo que me detenía. Tal vez
finalmente siento que tengo historias qué contar. Escribir siempre me ha
brindado claridad, y compartirla seguramente genere algún bien.
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