Qué hacer cuando todo va mal
Cuando estaba más
pequeña, alrededor de los doce o trece años, pensaba que si tu vida amorosa
estaba bien, el resto no importaba. Mi vida, obviamente, era muy distinta en
aquel entonces. Mi perspectiva estaba sesgada por la inmadurez y sobre todo por
mi falta de problemas. ¿Si no me preocupaba por dinero o por lo que comería más
tarde, que otra cosa podría preocuparme más que mi situación sentimental? Considerando
la persona profundamente sentimental que siempre he sido, pensaba que mis
relaciones románticas siempre ocuparían el lugar de prioridad en mi vida.
Ahora, aunque esto sigue siendo una de mis prioridades, he llegado a comprender
cuán mal puede ponerse el resto de tu vida. En las últimas semanas me quedé sin
trabajo y con ello sin estabilidad económica a causa de una serie de decisiones
tomadas a ciegas y tal vez sin el cuidado suficiente. Mi situación es especialmente
difícil, pues, en un sentido práctico, nadie puede ayudarme más que yo misma. Mi
vida estuvo resuelta durante unos tres meses y nada me indicaba que de pronto
todo se acabaría. Las cosas estaban yendo demasiado bien como para pensar en su
fragilidad. Si pensaba en el futuro era para imaginarme que sería aún mejor de
lo que ya estaba viviendo. Una cosa es hablar de los fracasos desde el éxito y
otra aún desde el fracaso: escribo esto mientras mis planes para conseguir
dinero bailan en el fondo de mi mente. La verdad es que podría decir que todo
está mal. Pero siempre puede hacerse algo al respecto, ¿no es así? Entonces,
¿qué hacer cuando todo va mal? En una primera instancia pienso que está bien -más
que bien es normal- dejarse arrastrar por la desesperación, es decir, llorar
por casi una hora o estar angustiado mientras haces cosas que normalmente
disfrutarías. Después vienen los pensamientos pesimistas y con ello más
angustia y más llanto. Experimentar un fracaso no debe ser muy distinto a
perder a un ser querido. Se pasa por las mismas etapas de un duelo. La
diferencia es que ser pobre no puede ser un duelo eterno, se deben tomar
acciones al respecto. Mi intención no es explicar cómo obtener un empleo o dinero,
sino literalmente qué hacer y qué pensar cuando todo va mal.
Lo más sencillo y
lógico es recordar qué es lo que sí va bien. Comencé mencionando lo de las
relaciones románticas porque ahora que vivo otra clase de problemas, por fin estoy
con la persona que he querido desde que inició este año. Nunca puede tenerse
todo, ¿no es así? Sigo pensando que todo lo que nos sucede responde a un
propósito mayor y mejor que nosotros. Siguiendo esta línea de pensamiento, he
llegado a la conclusión de que me está yendo ‘‘mal’’ porque estaba olvidando
cómo apreciar lo que realmente importa. Tal vez lo que me toca estas semanas o
meses es apreciar todo lo que el dinero no puede darme, como el amor de quienes
me quieren. Hoy, cuando mi novio y yo veníamos caminando del super por no poder
pagar un Uber, comenzó a llover. Hacía calor y el sol aún brillaba entre los árboles
del parque mientras los goterones nos caían sobre el cuerpo. De pronto caí en
cuenta de lo bonito que aquello se veía, y lo afortunada que era de poder
mojarme en la lluvia y de tener quién cargue mis bolsas sin siquiera quejarse.
Pronto llegamos a mi departamento y todo lo que compré estaba bien. No todo
está tan mal, ¿no lo creen? Es fácil aconsejar a alguien de que encuentre el
lado positivo de todo, pero todos sabemos que hacerlo es muy difícil. Pero las
cosas ya han sucedido, y sucedieron de mala manera por alguna razón que
quizá nunca conoceremos. ¿Entonces qué
podemos hacer? Tratar de solucionar nuestros problemas, naturalmente, pero por
mientras es necesario enfocar nuestra atención en lo que no necesita ser resuelto.
Siempre hay una cosa buena, en especial si ya hemos aprendido en qué
dirección mirar. Basta con mirar hacia dentro y apreciar el latido de nuestro
corazón, o de llamar a casa y saber de quienes más queremos. Cuando todo va
mal, es necesario regresar al punto de partida y reconectar con todo aquello
que ningún problema de la vida moderna nos puede quitar: el amor verdadero.
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