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Mostrando las entradas de febrero, 2023

El viento helado

El gimnasio a donde voy tiene unas ventanas enormes que me gustan mucho. Cuando me inscribí hace un mes, pensé que alcanzaría a ver el cerco de la frontera desde el segundo piso, donde están las caminadoras. El cerco no se ve, pero el cielo sí, y ese día estuvo particularmente interesante. Entre repeticiones me dediqué a contemplar las nubes invernales moverse con increíble rapidez debido al viento. Se veían esponjosas y suaves, casi como ovejas jugando carreras. Sintiéndome afortunada de poder contemplar algo así, de pronto me descubrí con los ojos llenos de lágrimas. Recordé la fecha y sentí cómo se me apretaba el corazón, y es que ese día faltaban dos para que se acabara mi interinato en la ciudad en la que llegué a exiliarme de algo que se parecía al amor. No quería llorar porque mi tiempo acá se estuviera terminando -estaré aquí todo el ciclo escolar- sino porque hace seis meses me era impensable llegar hasta este punto. Llegué a pensar que me volvería loca de dolor, que nunca vol...